jueves, 22 de noviembre de 2012

La arquitectura que a nadie le importa

Ramiro Guzmán Arteaga

Nadie parece acordarse de las viejas casas frescas ubicadas sobre la Avenida Primera de Montería. Nadie parece acordarse de las puertas cerradas, y abiertas a partir de las cinco de la tarde. De haber visto las mecedoras de mimbre en las terrazas de cemento fresco. Ni las ventanas en las que la gente se asomaba de cuerpo entero. Nada queda de las casas encaladas en los bosques de naranjos de mediados del siglo XIX.
A nadie le importa si alguien vende, compra y destruye las antiguas casas de los Lacharme (Cl 27 Cra 1°) o la de los Kerguelen (Cl 27 Cra 2), la de los Caicedo (Cl 26 Cra 1), la de los Pineda o Berrocal; ni el conjunto patrimonial que va desde la calle 24 hasta la 27 con segunda. En fin, a nadie le interesa si destruyen todo lo que sobrevive de la arquitectura neoclásica de inicios del siglo XX o de las que representa la llegada del modernismo a finales de los 60.
Esas casas y edificaciones, que son las representaciones patrimoniales de cada época, están sucumbiendo ante una civilización que tiene sangre de verdugo, porque en Montería  no ha habido quien gestione ante el Ministerio de Cultura la declaratoria de “Bien de Interés Cultural” de al menos algunas de esas edificaciones.
La arquitectura en Montería parece haber perdido el rumbo porque estamos frente a una modernidad mal  entendida, en donde predomina el interés privado sobre el cultural y colectivo. Hoy solo quedan algunas casas antiguas con los entrepisos deteriorados. La huella histórica de la ciudad está desapareciendo, mientras  la intervención de los últimos gobiernos para evitarlo ha sido desafortunada, pues parece no importarles si se destruye nuestro pasado histórico, ni la sabiduría de quienes nos precedieron.

 

 

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